Reflexiones
Cuando hablamos de Bullying nos referimos a la exposición que sufre un niño/a o
adolescente a daños físicos y psicológicos por conductas agresivas que de forma
intencionada y reiterada es ejercida por parte de otro estudiante o un grupo de ellos, en el
ámbito escolar. No todo conflicto o agresión aislada constituye bullying, aunque debe atenderse.
Entre acosador y víctima hay un desequilibrio de poder, que el acosador/a aprovecha a su
favor para conseguir algún beneficio ya sea material o no, mientras que la víctima o el
acosado/a se siente indefenso/a y puede manifestar una serie de efectos psicológicos que
afectan su salud e inclusive en situaciones extremas, conductas autolesivas.
Las causas que originan el bullying dependen de cada caso, sin embargo, generalmente el
acosador/a presenta una actitud agresiva y violenta, carece de empatía, es incapaz de
ponerse en el lugar del otro, de la víctima y de ser sensible ante su sufrimiento.
Pero, ¿el acosador y su víctima son los únicos involucrados? ¿Qué sucede con el resto de
compañeros? ¿Son partícipes o cómplices del acoso?
¿O, por el contrario, quienes observan no refuerzan las agresiones del acosador y
acompañan a la persona afectada y piden ayuda a un adulto responsable?
Y, ¿Cuál es la postura de los adultos, familia, docentes, personal del establecimiento escolar
ante situaciones de bullying?
Si bien el bullying o acoso escolar se producen mayormente en diferentes lugares del
establecimiento escolar, en la actualidad la vida cotidiana y nuestros vínculos están
mediados por el mundo digital y el uso de la tecnología, del cual los niños/as y adolescentes
no están exentos, y es en estos entornos digitales donde las escenas de acoso se filman y
se envían a otros compañerxs a través de las redes sociales, por lo que el acoso continúa
convirtiéndose en ciberbullying.
Con el ciberbullying hay una pérdida del control sobre el alcance del daño, por el efecto
multiplicador (viralidad) que se produce en los espacios digitales, donde se facilita la
violencia porque posibilita agredir rápidamente, a gran escala y desde el anonimato.
Y allí, surge otro concepto, la violencia digital.
La violencia digital incluye cualquier acción, conducta u omisión realizadas mediante
tecnología – Internet, redes sociales, plataformas digitales, mensajería o correo electrónico –
que genere daño psicológico, emocional, sexual, símbolo o de cualquier otro tipo de
vulneración a la dignidad, identidad, libertad, integridad o seguridad de una persona.
Existen diferentes tipos de violencia digital como el acoso, la extorsión y el grooming que
pueden generar graves consecuencias psico emocionales y sociales en sus víctimas.
En ese sentido, ¿Sabías que cada publicación en Internet, redes sociales deja una huella
digital difícil de borrar? La huella digital es el rastro que se deja al navegar en Internet o
utilizar dispositivos digitales.
Ahora bien, ante todo ello, cabe preguntarnos:
¿En qué entornos crecen y se desarrollan nuestros niños/as y adolescentes? ¿Son entornos
protegidos, cuidados y libres de violencia?
¿Cuál es el rol de los adultos frente a todas estas situaciones de vulnerabilidad de niños/as
y adolescentes?
¿Qué ejemplo les damos? ¿Aceptamos y respetamos las diferencias? ¿O, por el contrario,
acordamos e incentivamos discursos de odio?
¿Educamos fomentando el respeto, buen trato y la empatía por el otro?
¿Les enseñamos a discernir entre lo correcto e incorrecto, lo bueno y lo malo?
¿Establecemos límites claros sobre lo que se puede hacer y lo que no?
¿Les ayudamos a comprender que las acciones tienen consecuencias?
¿Los padres tienen control parental sobre el contenido que sus hijos/as consumen en
Internet?
¿De qué forma utilizamos la tecnología? ¿Lo hacemos de manera segura, crítica, ética y
responsable? ¿Les enseñamos acerca del uso responsable de las redes sociales y
dispositivos digitales?
Y, aún más importante, ¿brindamos espacios, momentos de escucha, de contención?
¿Cómo guiamos, acompañamos, cuidamos y protegemos a los niños, niñas y
adolescentes?
Entonces, resuena el concepto de CORRESPONSABILIDAD, que establece que el cuidado,
la promoción y la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes es una
obligación compartida y articulada entre la familia, la escuela, el Estado y la sociedad.
Todxs somos parte, y al bullying/ciberbullying
le ponemos un alto entre todxs.
Comisión de Violencias


